sábado, 23 de enero de 2010

NUESTRAS CONFIDENCIAS (a Susi ).-

"Búscame... al mirar la luna llena, porque ella nunca te negará el brillo que necesitas para iluminar tus noches de desolación."


http://cid-bd13e6f514e77bc9.skydrive.live.com/...



" No puedo, me es muy difícil conciliarlo…"


Sé que me cuidas, como una hermana mayor siendo menor. Que me pides que descanse. Me pesa demasiado el corazón de lágrimas de melancolía. Y el cerebro pugna por salirse de su cauce.


Sabes de mis dolores más profundos, de mis angustias y desolaciones. Sabes de mis noches de desamparo a la búsqueda del abrazo que no encuentro. Sabes que a veces me siento como un perro sin amo y me extiendes tu mano a la distancia. Sabes que nada me es fácil, que la vida que tanto amo, cada día se me empina un poco más. Sabes que lucho con todas mis fuerzas por encontrar una salida acorde con mi pensar. Sabes de mis tormentos, que me parten en opuestos que no sé hacia dónde me conducen. Sabes que acabo eligiendo el fuego que me quema por dentro, a sabiendas de lo que me provoca, en lugar de ir al estanque de aguas quedas. Porque el fuego se atrae con el fuego. Porque me da su calor y su luz a la vez que acabaré muriendo
cada amanecer.
Pero sabes que puedo renacer como el ave fénix y seguiré dándole mi luz y mi calor
cada atardecer.


Intentas consolarme cuando siento derrumbarse las columnas de mi templo interior. Porque me las han hecho de cristal y en ocasiones el peso de mis bóvedas es tan insostenible que me quiebro y sabes que no sé por qué capricho de la naturaleza, por qué hay un porqué con el que cada noche de gélidas estrellas, algo, un secreto designio me conduce hacia las palabras que como el más poderoso de los adhesivos, me vuelve a reconstruir.


Y aquí estoy, con el alma desnuda otra vez, soportando las inclemencias del tiempo, caminando al filo del abismo, temiéndole al viento. Con la convicción de que
este haz de luz
que emito es como una vara que me permite hacer equilibrio para sostenerme y sostener lo mejor que puedo llevar dentro de mí misma.

Su amor.



CÓMO ESTÁS?

-Cómo estás?
-Viva…
-Existiendo…
-Subsistiendo…
-Sobreviviendo…


Últimamente, me siento como “acaracolada”, me cuesta expresar sentimientos, me cuesta “expresar”… Todo me queda dentro, tengo hasta miedo de llenar mi mente de pensamientos que no puedan ver la luz y me enmohesca…
Hay algo, no sé, un algo que me impide volar con la mente. Me siento atada. Debe ser una de las peores sensaciones del ser humano, ser esclavo en sí mismo, por no poder darse la libertad de decir… Es como morirse vivo. Mentiras que existo. Mentiras que soy. Ni sobrevivo, ni subsisto. Quisiera. Quisiera poco, quisiera mínimo, quisiera apenas… Pero ni apenas…

Las palabras se trocan en lágrimas que se deslizan hacia adentro y que vuelven de cristal mis pupilas. Un cristal que apenas lo tocas, se quiebra. Y hay miedo. Miedo de desear, miedo de estar, porque no encuentro respuestas. La nada, el vacío. Un precipicio sin final a la vista, por el que caigo. Un túnel oscuro por el que camino sin ver nunca la luz del otro lado y lo peor es que sé cuál es la luz. Un signo de interrogación sin el punto que lo corone o lo culmine. Una pregunta intrínseca. Una ida sin regreso. Un punto final.

Viva? Existiendo? Subsistiendo? Sobreviviendo?

MORIRÍA ALADA.-

Si me dieras alas cruzaría mares,
surcaría sueños, tejería anhelos.
Si me dieras alas de plumas, de velos,
acariciaría el tiempo sin dudas, sin celo.

Si me dieras alas, mi sed te daría
para que saciaras la piel de deseos.
Si me dieras alas, sé que viviría.
Me darías cantos,
me darías risas,
me permitiría mil frases de viento.

Si me dieras alas, mis días más grises,
mis sombras desiertas,
mis ríos de sangre,
mis campos de pena,
se transformarían en viejos recuerdos.

Y si por el aire un gramo de tu alma
pudiese flotar rozando los cielos
de este amor que siento,
al fin moriría
sin este dolor,
sin este tormento.

Moriría…
alada,
en tí,
en tu cuerpo

RUEGO.-

Agua que riegas los campos de la mente, desciende al infierno que me abraza, acaba con el dolor que comienza, llueve en las cavidades de mis ojos para borrar de ellos cuanto he visto escrito.
Que las palabras mueran al anochecer, que agonicen en ríos subterráneos, para que mi corazón no sienta.
Que un ácido ciegue mis pupilas y que no sea arrastrada a los confines de la sintaxis.
Que lo bello, sea sincero, que no sea mero palabrerío salido de la tinta, que la tinta corra por sus venas convertida en sangre.
Que perciba, que viva, que entienda.
Que no hay mayor incapaz que aquel que se mueve en sentido contrario a lo que la vida le presenta.
Que no hay agonía peor que aquella que rema contra el amor.
Agua de vida, borra, limpia, purifica…
Agua dame aire, dame fuerzas, dame vida .-

MARIPOSAS.-

Siempre me han asombrado las mariposas. De niña me maravillaban sus colores, la fragilidad de sus alas, el vuelo libre a donde las llevara el viento y su función de “agentes” de preservación de la naturaleza. Tan pequeñas, tan importantes…

No podía entender que hubiese personas capaces de matarlas “delicadamente” con el fin de tenerlas expuestas ordenadamente en una vitrina.

Llegó el momento de comenzarlas a “sentir en el estómago” al ver pasar a aquel chico que me cortaba la respiración... Y con el tiempo hubo una época de dar fruto, no sin antes sentirlas “revoloteando” en el vientre durante nueve meses…

Mariposas, siempre mariposas…

Cada día de esta, mi vida, cobró forma de insecto. Los hubo de luciérnagas curiosas, pesados como moscas, productivos como abejas, días que me clavaron el aguijón envenenado…

Y a mitad de camino y por un capricho del destino, volví a sentir las alas delicadas de las mariposas, formando un corazón multicolor que me hizo renacer al sentimiento, que me hizo vibrar a medida que avanzaba la primavera… Nuevamente era esa niña inocente, tierna, dispuesta a entregar el alma, ilusionada… Mis mariposas se permitieron volar y lo hicieron tan bellamente que ardían los ojos al verlas pasar.

Pero el coleccionista de mariposas decidió que habían volado demasiado tiempo y que había que detenerlas y las fue atrapando una a una y muy suavemente, como para no dañar la belleza que poseían, las fue adormeciendo, hasta que, en el último suspiro, quedaron expuestas ordenadamente en una caja de cristal. Cada día limpia con esmero el cristal para que se pueda admirar su belleza, las recuenta para que no falte ninguna, las protege a su especial modo… Se engaña a sí mismo, pensando que de esa forma permanecerán intactas de por vida…

Ahora las puedes ver allí, a todas y a cada una, clavaditas sus alas con alfileres, formando hileras, dejando el exacto espacio milimetrado entre unas y otras, como tumbas de cementerio… Las puedes ver allí, habiendo dejado atrás en cada corola, en cada pétalo del espíritu, el deseo escondido de permanecer, por siempre en vuelo, para formar corazones multicolores.

Mariposas, siempre mariposas… Mariposas de pena.-

SOY.-

Duermo en el regazo del universo
protegida por los senos de la madre del pueblo.
Despierto derramando movimientos
de atardeceres y deseos.
Soy invencible
Mi piel descifra el dialecto de los vientos...
Y mis dedos tocan tus canciones preferidas.

Soy espíritu, carne, mantra, madre, guerrera
de la esquina, la casa, la calle, el mar y la tierra.
Soy la gota primera que alumbra al cielo,
que da vida al océano contenido en tus ojos
de niño inquieto.

Hay un zumbido musical en mis entrañas...
Un resplandor escapando de mi ombligo que susurra...
Soy la entrada a la vida que devela ventanales
para enseñarte en un futuro a saltar
el muro de Ciudad Nostalgia.

Soy el punto de partida a tu destino...
Tu mapa primario para alcanzar el infinito.
Soy quien un día te dejará alzar vuelo
para reencontrarnos en el campo
de luciérnagas naranjas y flores amarillas...

VOY A DESEARTE...

Voy a desearte esta noche.
Voy a desear tu corazón, luego tu mente...
Voy a desear tu aire... el viento que avivó mi fuego...
Voy a desear las caricias que me estremecieron,
el agua que bañó mis costas, tu península...
Voy a desear el calor de tu voz en la sonoridad melodiosa de tus palabras.
Voy a desear tu piel sobre mi piel,
tu sed sobre mi sed, tu pasión acompasada y generosa...
Voy a desear tu energía que se cuela por mis poros penetrando en cada célula,
invitándome a actuar, a sentir, a vivir, a revivir, a resucitar, a hacer que me perciba unida a ti por un haz de luz...

Voy a desearte esta noche.
A desearte en mis suspiros y en mi respiración entrecortada.
A desearte en una lágrima que se deslice desde el alma, de esas que conmueven corazones y se atreven a regar espíritus de quienes sin quererlo se descubrieron cuando lo creyeron oportuno...
Voy a desearte destello esta noche, para que entres apresurado por mi ventana y te deslices entre mis sábanas abrazándome fuerte hasta que me despierte mañana.