domingo, 30 de junio de 2013

I- MIS HIJAS y el presente fruto de un pasado ( 2 )


Las madres solteras solemos tener hijos, por eso lo de madres y si somos solteras es porque esa ha sido nuestra elección de vida y no necesariamente porque haya decidido  concebir sin un hombre a mi lado. El hecho es que estuve enamorada de un hombre durante los primeros tres años de mi vida de casada, que se sumaron a otros tres de convivencia libre sin papeles que sumados dan seis años, posteriormente se sucedieron doce años de declive emocional de la pareja. Durante aquellos dieciocho años de convivencia, ni imaginé que a día de hoy y después de cinco años de distancia, me sintiera tan bien sola. 
Una cosa es vivir solo y disponer hasta de la forma en que se va a comer, otra muy distinta, es vivir con hijos adolescentes y mucho, pero mucho más distinta si los hijos, son de sexo femenino.
Mis hijas nacieron en momentos muy distintos de mi vida junto a quien es su padre. La mayor, Candela, tiene diecinueve años, así que podéis ir sacando cuentas. Fue concebida después de la fiesta de bautismo de su prima, una preciosa tarde de agosto. Afuera el viento soplaba gélido, dentro, dos cuerpos se unían cálidamente sin pensar en nada más. Siempre digo que la calculadora se nos quedó sin pilas y que después de consumar el hecho, cogimos lápiz y nos dimos cuenta de que a veces, las cuentas hay que hacerlas antes y mejor a mano.  Tenía casi treinta años de edad, vivía sola, en un piso pequeño, muy iluminado, desde donde se veía el parque inmenso, casi bosque, donde se situaba la escuela primaria donde trabajaba como maestra, en una de las zonas más bellas de mi ciudad. Él, era tres años más joven que yo y provenía de una familia acomodada de la ciudad. Sus peleas familiares le hicieron tomar la desición de trasladarse a mi piso y a partir del momento en que supimos que "estábamos enbarazados", comenzaron los problemas. Que nuestros padres aceptaran "lo sucedido", conseguir una casa donde criar a quien sería nuestro retoño, poner un negocio que fuera lo suficientemente rentable como para mantener a la familia, etc. Todo esto que ahora parece tan normal, hace dos décadas y en un país del sur de América, era poco menos que pecado de vida. Convivir sin papeles, libremente, entrando y saliendo cada uno a su aire, reuniéndose con quien mejor se nos diera la gana, no fue lo mismo que hacerlo con todas las de la ley.  Tener que respetar el momento del embarazo, unas comidas a horas determinadas, el dejar ciertos vicios por parte del hombre de la casa, el entender que hay que guardar dinero con visión de futuro, que hay que estar ambos en función de quien va a nacer, hicieron de esta época algo sumamente estresante y en este clima de acomodamiento de pareja, intentando olvidar egoísmos en pro de un futuro de a tres, nació ella. Preciosa criatura, frágil, etérea, la "mariposa". Candela. Candela no fue esperada, pero sí muy deseada. A mis casi treinta , sabía bien que era el momento en que quería ser madre, lo que sucedió después, lo de la calculadora no fue premeditado, pero en lo más profundo de mi ser, evidentemente, las cosas se conjugaron de modo tal que aquel deseo se hiciese realidad. Yo estaba preparada para asumir el rol, su padre no. 
Candela se crió en una etapa de cambios. Los cambios desequilibran. Las relaciones se resienten. La comunicación en la pareja se vio afectada, los gritos mientras se formaba en el vientre se sucedieron en los tres años de su vida en la tierra. Candela forjó su carácter de niña tímida, retraída, pero a la vez con fuerza y valentía, en el seno de una familia  donde el que gritaba más fuerte era quien más mandaba.  Tremendamente respetuosa, no daba un paso sin pedir permiso. Sumisa, dócil, educada, apenas se la podía oir. Pasaba apenas rozando la vida y así creció, hasta convertirse en una bella mujercita de diecnueve años, que aún no sabe muy bien lo que quiere, que busca sin encontrar, que encuentra sin buscar. Rodeada de pocos buenos amigos y de muchos libros que gracias a sus blogs conectados con editoriales, recibe gratuitamente y comenta semanalmente. Todavía no ha encontrado su camino en la vida, sabe muy bien que tiene que forjarse sola el futuro  que su madre no le puede dar, pero la toma de desiciones acertadas, todavía le juega malas pasadas con respecto a los estudios.
Lara tiene catorce desastrosos años. Una vida acomodada, relajada que disfrutó hasta sus diez años. Unos años de buena vida en compañía de un padre que se dedicó a ella y compartió con ella, transmitiéndole su pasión por el baloncesto. Sólo vivió dos años en América del sur y puede decirse que despertó a la vida en Europa y así, se crió en un pueblo que la acogió y sostuvo. Una familia que la protegió, un pueblo que la acunó. Lara es el polo diamentralmente opuesto a Candela. Caprichosa, inmadura, siempre dispuesta a jugar, atropellada, nunca preparada para estudiar.
 Entre ellas me encuentro, un poco cómplice, a tientas siempre. Cuando se tiene hijos, nunca se deja de descubrir. Y por mucho consejo que haya dado en mi vida como maestra a familias que en su momento los necesitaron, hoy, no los encuentro dentro mío para mi relación con ellas  y me doy cuenta que no sólo nos vamos haciendo padres en el camino, sino que, nadie nos puede aconsejar, porque lo que sirve para unas relaciones, no sirve para otras. Porque las situaciones que he vivido, son mías, y el vecino, siempre dispuesto a dar una palabra de orientación, vive una realidad muy distinta, haciendo huecas para mi, las palabras que siente llenas de sabiduría y experiencia.

"ELLAS..."



Ella, la primera, la que vino sin pedir permiso. La que irrumpió en mi vida sedienta de mi ser. La que se aferraba a mí quitándome el sueño a cada requerimiento… La que vivió tormentas sin pedirlas, la que escuchó los truenos sin desearlo, la obligada. 

Ella, la que me dio su sonrisa, por la que me desviví para que fuera siempre la rosa… Ella, la que se quedaba complaciente esperando, observando cada paso, como pidiendo permiso, con esa timidez, con esa candidez, con esa delicadeza … 

Ella, como jazmín de mi jardín, etérea. Como mariposa dispuesta a posarse en cada flor, dispuesta a dejarse llevar por la brisa… Como hoja al viento, como gota de agua en lluvia de primavera… 

Ella, la que no demanda, la que hace y deshace a su antojo, la que derriba sola puertas y paredes, la que decide, la que atropella olvidando todo lo que hay a su alrededor, la que desgarra, la que habla con palabras que desarman senderos. La que remueve las malezas para hacerse camino, la que batalla, la que guerrea, la que se forja en la selva de la vida a expensas del peligro, sin miedo, en soledad… 

Ella, la que navegó por los océanos de la calma, la que sintió la seguridad de unos maderos que flotaban por la suavidad de ese mar en reposo. Ella, la que se hizo a la luz en un atardecer estival, la que exigía ante cada necesidad, la que reía, la cautivante… 

Ella, la que experimentaba, la que disfrutaba y gozaba de cada instante… La cruel déspota que dominaba al mundo con su sonrisa o con su llanto. Ella, en su inquietud permanente, en esa necesidad íntima de caminar siempre por la cuerda floja, pero pidiendo a gritos que la sostengan… Ella, el torbellino, la que me gira en cada abrazo, la que me besa, me acaricia, la que me da su calor constante, mi compañera. 

Ella, que se va y regresa a cada instante. Que elige el vuelo y la distancia, que se limita, que pide a gritos la suavidad del nido. Que no entiende de caídas, que sufre antes del sufrimiento, que teme antes del temor… 

Ellas, tan distintas, tan amadas. Ellas, que no pueden entender que el amor es compartir, es convivir, es discernir, deliberar para luego, acordar… Ellas, capaces de chocar cual planetas desafortunados, ante la mirada atónita y agonizante de una estrella que intenta iluminarlas… 

Ellas, que agreden, que se imponen entre sí, que discuten por la primacía, que reprochan el amor. Capaces de destruir los cristales en pos de lo que cada una desea y determina. Ellas, intentando despegar hacia un cielo cambiante, hacia un cielo que no sólo las acogerá entre nubes de algodón. 

Tan sólo ellas, que no entienden que en este enfrentamiento de flechas sin dirección, una paloma que no ven, es clavada en cada parte de su cuerpo y se desangra. Ellas que no notan al duende que las protege, continúan en una guerra sin sentido que sólo Dios sabe cuando acabará. 

Ellas, mis amadas…

PRÓLOGO- REGALO ( 1 )



Comienzo  a escribir hoy, como podría haber comenzado cualquier otro día de esta vida común de madre divorciada. A veces digo de "madre soltera", porque hace tan largos cinco años que "fui" a quien fue el padre de mis hijas de casa, que la palabra "divorciada" me suena a recién hecho, me suena a acto recién consumado. Así que soy una orgullosa soltera madre que intenta llevar una vida digna, en un momento crítico de la vida del país donde vivo y del globo terrestre en general. 




Tengo cuarenta y ocho años, el mes que viene "casi" cincuenta. Mi vida orgánica, "biorrítmica", me ha tratado lo suficientemente bien como para que todavía no haya entrado en la menopausia o tal vez sí, pero la verdad es que aún no tengo los síntomas que debiera. Lo que sí sé es que a veces quisiera dejar de preocuparme por tener siempre un paquete de compresas en el estante de mi baño, sobre todo para no pasar por el mal rollo de tener que estar alerta del día que es y que justamente me coincida con la noche de lujuria que espero tener. Este momento de incertidumbre orgánica, la verdad es que me pesa bastante, más cuando pasados dos meses "sin regla", festejé interiormente mi menopausia junto con mi "diosa interior", que sentía el momento de liberación, pensando en que no me podía llegar en mejor momento, porque aún se sentía joven y con deseos de vida, y de "buena vida", se entiende (aquí, debería aparecer el iconito de guiño de "facebook"). Y dije "pasados dos meses sin regla", porque hoy día, vuelvo a estar con ella.  Por otro lado hay un miedo en mi, una angustia lógica de mujer joven. Sí de mujer joven de casi "cincuenta" y es el de que mi cuerpo cruce la barrera "inexorable" y  que todo lo que aún poseo naturalmente, sin cirujías y con apenas el uso de una crema reafirmante para el cuerpo y una hidratante para la cara, de esas baratas compradas en el súper, vaya a parar al trastero de las cosas muy usadas.
 En síntesis, aún con mis "casi cincuenta" me siento una mujer apetecible, casi sin arrugas, buena delantera, piernas firmes de las rodillas hacia abajo,  mínima flacidez de las rodillas hacia arriba,  que come lo más sano que puede, que se da algún gustito de vez en cuando, cuando no un atracón de tarta de chocolate o helado de stracciatella o bombones para Navidad, pero que después se sitúa en que a cierta edad, más vale prevenir que curar y recomienza con las lechuguitas, tomatitos y demás alimentos que se supone reequilibran la balanza. Soy vaga para hacer deporte, lo tengo asumidamente reconocido de toda mi vida, vaga para salir a caminar, al punto de que cuando era joven, hace una veintena de años, para no quedarme atrás y dejándome llevar por la idea de que "tenía que hacerlo, porque era lo que debía", me impuse hacer un curso de dos años de fitness, porque pagaba caro y además de esforzarme por ser la mejor, debía estudiar y examinarme para aprobar. El hecho de tener que aprobar, me hacía sentirme en la obligación de cumplir.  Sólo así, a base de caña, me fue posible ser consecuente en lo que hoy, no puedo conseguir por voluntad propia.
Lo único realmente preocupante es mi cabello, que cada veinte días tengo que teñir, porque o los productos de cosmética capilar son cada vez peores, o mis canas aparecen con mayor rapidez y no coinciden con los treinta días de duración que promociona el producto. Mis canas son quienes me recuerdan el paso del tiempo por mi cuerpo y ciertos dolores reumáticos que en invierno me asechan. Mi mente, mi espíritu y mi alma, son profundamente joviales, me he propuesto mantenerme en los veintiocho años mentales y no ir más allá jamás en mi vida. De este modo, siempre estaré dispuesta a aprender, a querer saber más, a seguir estudiando, a relacionarme con gente joven y sentirme de igual a igual, a bailar, a reirme de tonterías, a experimentar, a amar, en síntesis a vivir y disfrutar de lo que se me ponga por delante. Tengo una teoría y es que se madura hasta cierta edad, no importa cuál sea ésta, lo demás es experiencia de vida y os la dejo aquí para que la meditéis y tal vez  me daréis la razón, o no.
Comienzo a escribir hoy, treinta de junio del dos mil trece, día del cumpleaños de mi amiga Mattina, que por razones obvias, no voy a nombrar por su nombre verdadero, como tampoco lo haré con ninguna de las personas reales que conviven conmigo o han pasado por mi vida, por una cuestión de total respeto. Voy a regalarte, Mattina, éste, mi primer libro,  que no sé si algún día  editaré o no. Éste es mi regalo virtual para ti.  Porque conoces los detalles más profundos de mi vida, conoces mis pesares, sufres cada día conmigo y disfrutas mis alegrías. Porque estás presente cada vez que te necesito a través del chat. Porque me socorres cuando "me incendio", porque despotricas contra quienes me hacen llorar y cruzas los dedos cada vez que quedo con alguien nuevo. Porque me sientes "hermana" aún teniendo hermanos, porque sabes que lo eres, porque no los tengo. Éste es mi regalo virtual dedicado a ti, junto con este abrazo cálido a la distancia  que algún día nos daremos personalmente, ¿a que si?.



sábado, 6 de febrero de 2010

MIS DÍAS CON " K "- 2

Blog 6

:)


MIS DÍAS CON " K "- 2



Tiempo de fiestas y reencuentro

Días antes de nochebuena, K viajó a Valencia. Quería disfrutar del calor de los abrazos de su madre, sus hermanos, sus sobrinos. Necesitaba de un tiempo de amor, de reencuentro en aquellas fechas especiales. Cada día se comunicó contigo de algún modo. Mediante mails que te contaban de cuanto disfrutaba jugando con esos niños que lo llenaban de besos y lo llevaban de la mano a recordar momentos de su infancia, que lo hacían reencontrarse con su niño interior. Ese, alejado de cualquier pensamiento negativo, ese que soñaba e imaginaba en completa libertad...
Te llamaba para decirte cuan importante era escuchar tu voz, para que supieses lo que deseaba tener un momento íntimo contigo, un momento mágico de conexión infinita...

Tú recibías cada sensación provocada por él como embelesada. Te gratificaba enormemente el hecho de que alguien se preocupara por ti. Agradecías el dormirte cada noche arropada por su ausente presencia y lo hacías con la más placentera de tus sonrisas... “Me alegro de que me extrañes un poquito”, te escribía.

Y regresó. Lo supiste pues apenas bajó del avión, tuvo la delicadeza de llamarte. Y pasó una semana. Te extrañaste de no volver a recibir ni un mail, ni una llamada, ni un sms. Una sensación de vacío te llenó el cuerpo. Su indiferencia comenzó a paralizar tu flujo de energía, el desgano comenzó a enraizarse en tu voluntad y miles de preguntas sin respuesta se clavaron en tu mente.

Un día, le enviaste un mensaje a su correo electrónico invitándolo a reflexionar sobre el hecho de que, si no quería tener nada contigo, te lo dijese a fin de que, evitando perder tu tiempo, pasaras página antes de desgarrarte profundamente. De inmediato te contestó con una llamada, pidiéndote disculpas por su frialdad e invitándote a ese momento de intimidad que tanto había deseado, estando en Valencia y acudiste, olvidando todo el dolor que te había provocado en esos días...

La noche fue mágica. Tal como la soñaste. Todo se conjugaba a la perfección. La casa de campo pequeña, íntima, acogedora, rodeada de frutales, la noche luminosa... El fuego de la chimenea, las velas perfumadas, la música lounge, la alegría del reencuentro, el abrazo infinito, los besos...Todo se fue dando con naturalidad, con libertad... El sofá blanco en ese ambiente acogedor los invitó a jugar a las caricias, a sentirse, a percibirse con los cinco sentidos. Y luego el paseo al más allá, a los mismos confines del cosmos infinito, a reencontrarse en una misma esencia. Tú y él. Él y tú, solos, envueltos de deseo, cubiertos de placer. Sólo os dejásteis para filosofar, o bien para expresar con palabras la felicidad que sentistéis al descubrirse en el semejante...

Fue difícil descansar... Cierta excitación permaneció latente toda la noche. Y cada movimiento, cada respiración del otro, hacía que las manos se encontraran, que las piernas se entrelazaran... Qué bello fue saber que estábais allí, juntos, presentes, uno en el otro. Qué bello fue el saber de la generosidad del otro, de la apertura interior... Nada os causó más placer que el reconocer que vuestras mentes estaban dispuestas a hacer el amor.

Y por la mañana, el abrazo de bienvenida a la realidad, el nuevo reconocimiento del terreno descubierto la noche acabada y un nuevo choque de energías que se entrelazaron y se fundieron para salir disparadas hacia el exterior en forma de luz perpetua. Más tarde el apetito, el desayuno entre melodías pop y el paseo a la orilla del mar, confesando cada uno lo que se había llevado del otro y que se atesoraría como la más preciada de las joyas de la corona. El viento fresco acariciando las mejillas, las manos entrelazadas y la vuelta a casa, prometiendo un nuevo encuentro...

MIS DÍAS CON " K" ... I



Mis días con K

La primera vez

Cada salto en el vacío es una cuestión de fe, nunca nada se repite como la primera vez.”- F. Páez

Una noche te conectas para ver tus mensajes en el correo electrónico. Con desgano, con aburrimiento. Con esa sensación de que todo está visto, todo está dicho...

La soledad te acompaña, la de siempre a estas horas. La que pediste a gritos hace un par de años para compartir, sola, con tus hijos... Esa soledad, que, de sentirte tan sola, buscas compartir aunque sea con ese “ser virtual” que está más allá, con ese ser que como tú, busca esa compañía incondicional. No importa de dónde sea, sólo importa su interior... A veces, sólo importa que esté. Sólo te importa saber que del otro lado haya alguien con un corazón que te responda y vibre como el tuyo.

Decides borrar. Todo lo borras. Tienes la libertad de decidir sin pensar en nada. Nadie va a saber, excepto tu determinación, lo que hagas o dejes de hacer con los mensajes que recibes. Porque aquí nadie te ata, ni siquiera las cadenas que odias y que recibes por centenas...

Tu mirada recorre cada renglón con desdén. Más te detienes en uno. Estás apuntada a una de esas redes de búsqueda de pareja, desde donde día a día recibes una y otra invitación a cenar, a charlar, a un café, a … “algo más”. Te has agregado a ella en una de esas ofertas veraniegas que te permiten estar allí, sin pagar -si tuvieras que hacerlo, no estarías-. Entras. La curiosidad te lleva, te conduce, es tu guía. Un click y aparece su cara.

Es mayor -se te ocurre- pero de aquí.

Estás harta de soñar con encuentros llenos de promesas y vacíos de certezas. Estás harta de “realidades” con mala ortografía y de risitas onomatopéyicas.

Es mayor, de aquí y escribe bien.

Te deja un mensaje corto pero que llama tu atención. Revisas su perfil y te encuentras con esos detalles que tanto te atraen. Escucha tu música preferida, realiza actividades afines contigo, parece un hombre sano. Vuelves a mirar su foto y lo observas con más detenimiento.
Sus ojos brillan, hay algo allí. Tiene una mirada entre triste y penetrantemente profunda y su sonrisa apenas se percibe...

Te interesas y contestas su mensaje. El tuyo también es corto, elegante. Acaricias levemente con tus palabras, sabes que tienes ese poder...

Y se suceden los días entre saludos, comentarios, intercambios de correos, conversaciones virtuales hasta que surge la necesidad de conocerse físicamente.

Eres diferente. Ya no te va una cena o una salida a un café. Te mueve lo diferente. Te invita a un paseo de mañana y por la playa... en diciembre. Fría, ventosa y soleada mañana de diciembre en el mediterráneo. Gaviotas y un mar extrañamente en movimiento. Algunos caminantes se detienen a sacar fotografías con sus cámaras digitales y a juntar caracolas...

Caminas a su lado evitando su mirada. A veces te sientes niña en el otoño de tu vida y él te indaga. Lo miras levemente, como al descuido. Te investiga. Te sientes algo turbada y repondes a sus preguntas segura, pero sin darle demasiada importancia a tus respuestas aunque no dejas de ser sincera, abierta, espontánea. Has ido a la cita movida por la curiosidad y por esa conocida sensación de “qué más te da”. “Total, qué le hace una mancha más al tigre...”

Habla. Su voz es cálida, grave, profunda. Camina y habla del mismo y encantador modo pausado, correcto, lento, seguro... Al bajar del coche se ha puesto su gorro tejido en punto inglés color azul y una parka impermeable de esas que cortan el viento de los mares de invierno.

Habla y la charla se torna filosófica. Te induce a pensar. Profundiza en ti, te comienza a movilizar... Una sensación de inseguridad, de soledad, de tristeza te invade. Te ha entrado por los oídos, ha llegado a tu mente y ha descendido hacia tu corazón. Tu vida. Ha tocado puntos extremos, sin desearlo. Ha llegado él o le has dado paso sin proponerlo. Has confesado sentimientos, le has hecho saber que te cuesta soñar, más que tu imaginación es libre y viaja, vuela a gran distancia de ti como una paloma mensajera y regresa a tu mente sólo por las noches. Allí la arropas y descansas. Puedes descansar. Todo lo que te invade de día se adormece junto a ti. Bendita situación de agradecer. Tu frágil cuerpo no soportaría que fuese de otro modo.

Te detienes frente al mar contemplando con tu mirada “de almendras”el infinito. No miras, sólo estás viendo a la distancia, estás viendo con el corazón, no con la mente. Te sientes pequeña en la inmensidad … y débil.

Un viento suave acaricia tu cabello y a la vez lo notas cerca, detrás tuyo. Te huele. Te acaricia apenas el cabello con su cara. Se hunde en él. No era el viento. O eran ambos... Hacía tiempo que no sentías la cálida sensación de la cercanía.

Te rodea con sus brazos fuerte, con seguridad, como protegiéndote, te aprieta contra sí. De repente quedas a sus expensas y lo evitas cuando te busca los labios. Es hora de volver al punto de partida. Sigue la charla, más distendida ahora. Ahora lo miras de frente, te atreves a hacerlo. Su deseo te ha hecho sentir segura de ti misma y una voz desde tu interior te pregunta: “¿por qué no?”. Le sonríes. Te relajas, vuelves a ser tú, con tus ganas de vivir, con tu fuerza, tu energía de siempre, tu imaginación...

Descubres esponjas marinas, tantas. Tan bonitas que no te alcanzan las manos para recogerlas, pero las de él sí. Son grandes, tanto para dar como para recibir, y te ayuda con ellas. Te dejas llevar por el día de sol, las caricias del viento, el vayvén de las olas, la aventura del compartir...

Tu panorama ha cambiado... Tanto que hasta puedes cantar un bolero a dúo mientras él conduce hacia algún sitio que tú eliges donde estar tranquilos y llegáis a la montaña...

La entrada al monasterio. Soledad. Desde allí podéis observar a la distancia la meseta pintada de casas e iglesias, de iglesias y pinos, de pinos y humo de chimeneas, pero os puede más la impaciencia del descubrir al otro. Os interesa más sentir como sabe le primer beso. Ese, tan deseado, como si fuese un fruto prohibido de la madurez. Comenzáis a sentir calor, y la sangre que se moviliza con rapidez por las venas hasta alborotar el corazón, pero los turistas se aproximan y acabáis escondidos como niños que cometieron quién sabe qué travesura...

sábado, 23 de enero de 2010

SENTIMIENTOS.-

15/06/08.-

Y todos acabamos sufriendo…


Porque la embriaguez que provocó aquella ilusión se disipó en el tiempo.
La aceleración desmedida de la sangre corriendo por la venas, se detuvo para dar paso a un tránsito sereno que no acepto. La celebración de cada pensamiento, cada idea, se adormeció en un líquido elemento…


No se puede vivir en ese constante ascendente, lo sé. No se puede vivir suspendido en el aire. En algún momento había que posarse, o había que caer. Porque el sufrimiento que provoca el recuerdo de aquella sensación es tan intenso como lo fue la misma.Y ahora se está cerrando y me está ahogando. Se comprime en mi interior, lo siento en el pecho, lo siento en la boca del estómago. Quisiera que fuera un vacío y no lo es, porque tiene un contenido. Y todavía me alimenta. Me alimenta día a día, no puedo dejar de desearlo como al aire que respiro. Pero hay algo que me frena, tal vez la fina tela de la incertidumbre, tal vez el no saber qué camino he de seguir.


Sé que todo esto no depende sólo de mi cuerpo, ni de mi mente. Sé que hubo un hecho que produjo este caos. Un algo que se aferró a mi piel absorbiendo mi sangre para debilitarme y lo consiguió. Cerrándome el paso del gozo, del poder disfrutar como quería de aquel fermento delicioso.


También sé que tal vez no hice lo suficiente para mantener viva esa llamarada interior que se fue consumiendo, hasta convertirse en brasas. Tal vez mi pecado haya sido la mansedumbre, la cordura, el saber mantenerme donde toca. Tal vez si hubiese dejado aflorar mi pasión arrolladora, la situación fuera muy distinta ahora, a veces pienso que tanta energía contenida, tanto grito acallado, me ha angustiado.


A veces pienso, que todo debe convertirse en nada en el instante en que se acaba, que no se debe permitir la agonía del herido. Pero no sé si prefiero este sentimiento o el entierro total en alma y cuerpo.-


QUÉ SE ENCUENTRA?

22/06/08.-






¿Qué se intenta encontrar en una noche oscura? Las huellas de un pasado incandescente. La ilusión del encuentro en las palabras. La sonrisa de un corazón que ansiaba. Mil estrellas en ronda en la galaxia. Un paseo. La caricia. Compartir el deseo de la piel en el verano.

¿Qué se encuentra? La distancia. El cansancio provocado. El vacío que se escapa entre los dedos de mis manos. Un quizá, un tal vez, un no sé. Una duda cruel y muda que se rinde al desconcierto de un pensamiento muerto.

Y me resisto en la inocencia de esta inconsciencia que se arraiga como hiedra en la piedra de este muro aún sin fin. Y lo araño hasta ver del otro lado, cómo el manzano se acerca a las estrellas sin besarlas. Cómo juega con la luna entre sus ramas. Cómo clava su silueta tras un fondo de poetas, que por frutos dan palabras.

Y me resisto a la idea de no ver la vía láctea. De no rozarla de cerca con mis labios aún húmedos, de no tocarla. Me resisto a no volar entre la luz de los cometas.
Me resisto a no probar de esa boca el sabor de las gotas cristalinas que bañen mi piel por donde el delirio de un sueño inconfesado, transmute en realidad. En una realidad tan viva, pero tan abandonada.

Propuesta indecente (y la respuesta) .- 13/09/08.-


sé que va a llover cuando de noche huele a lluvia el aire. Lo sé también porque a veces me duele la espalda; esas son ya cosas de viejos, parece. Por desgracia, he crecido.

Bueno, esta no es la me lodía que me inspiró, la otra, bellísima, no pude descargarla... Así que, intenté hacerlo con esta, espero que te parezca apropiada:

http://cid-bd13e6f514e77bc9.skydrive.live.com/...




Hoy se me ha ocurrido hacerles a todos los que, buenamente pasan por aquí, mis amigos en lista, y aún a aquellos amigos que se han hecho del corazón aunque no nos tengamos en las "ventanitas" y me dejan afectuosos mensajes privados y a los que, distraídamente se topan con mi página, una propuesta indecente...

Pero antes, quiero que, acompañados de esta bellísima melodía, leáis mis palabras...

A tí:

Te propongo, por un momento, que te detengas... que te quites los zapatos, como siempre digo, que te olvides de tus ciber-amores, que evites buscar en el exterior por un instante y que, dejándote volar con el pensamiento, busques en tu interior...

Seguramente tendrás guardado en tu cajita de cristal un bello recuerdo de tu infancia o de tu adolescencia, algo que te dejó una bonita sensación, algo que te causó placer por vez primera, un descubrimiento, una imagen, una melodía, un acontecimiento, una travesura que hayas hecho en soledad o compartida, una palabra que te dijeran, que te haya llegado al corazón o a algún rincón de tu ser, algo que haya despertado tus sentidos o sentimientos, algo que consideres gracioso o bonito y muy tuyo, muy de tu interior, pero que has recordado y comentado más de una vez en familia o te lo han contado...

No me importa cómo lo escribas, a veces me dices que tienes faltas de ortografía, no importa, eres tú y si me dejas, te ayudaré (para eso soy maestra... ). El corazón, no detecta esas faltas, se fija más en tí, en tu valor para contar por aquí esto que te estoy pidiendo... Upsss... se me escapó!!!. Pues ésta, ésta es mi propuesta indecente. Sé que te atreverás, que serás capaz de contármelo en un mensaje privado y yo, lo publicaré, agregándolo día a día, o cuando pueda aquí, a este blog. Te atreves?

Comienzo yo, este es el recuerdo que quiero compartir...

Hasta los 11 años, tuve dos abuelas y un abuelo. Amadísimos los tres. Por razones familiares, a mi abuela Victoriana, "La abuelita Abue" como le decíamos con mis primos; la veía muy poco. Era la madre de mi padre. Un cielo de mujer, lo más suave y bondadoso de que tenga recuerdo... No sé si alguna vez se enfadó conmigo por algo... Imagínala, típica abuelita de cuento, regordeta, de piel muy blanca y cabello gris recogido con un moño, siempre con un delantal...siempre haciendo tartas, postres y mermeladas... y ese es mi sencillo recuerdo... Mi abuelita Abue y su mermelada de naranjas... deliciosa, con trocitos de peladura pequeñitos y cortados en tiritas muy delgadas... Mira si seré tonta, que en este preciso instante una lágrima recorre mi mejilla... Y todo por recordar un sabor, una textura, un color dentro de un bote de cristal. Una merienda sentadas en el comedor de la casa de la hermana mayor de mi padre, mirando los dibujitos en la tele. Y ella, a mi lado, untando panes con mantequilla y mermelada de naranjas... Nunca fue la misma, pero siempre, a lo largo de mi vida, hubo un bote de cristal en la nevera de mis padres y en la mía también con mermelada de naranjas... Comprada, sin el vuelo de sus manos suaves, blancas y regordetas pelando, troceando y exprimiendo, pero mermelada de naranjas-comprada-recuerdo-abuelita Abue.. Mi beso iluminado allí, donde estés, querida abuelita Abue..



Ahora te toca a tí, sé que no me vas a defraudar. Espero ansiosa tu mensaje y si te apetece una foto, lo que quieras...veremos qué nos sale. ANIMATE !!!

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Instintivalía dice:

"Para empezar... recuerdo unas sábanas frías, el olor a humedad de las paredes y de la menta-poleo que nos traía mi abuela a la cama. Cuando nos atrevíamos a sacar la nariz fuera de la cueva.... Dios... el olor del incienso salvaje que inpregnaba el aire. Ese olor, siempre me hace llorar. Siempre..."

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checo367 dice:

"Cuando eres niño, eres inocente, eres confiado, amas por un caramelo, ries por todo, lloras por nada. Vives la vida tal cual es. Si eres niño eres feliz solo con una pelota, una muñeca o con un chupa chups... Cuándo dejamos de ser niños? Cuando somos grandes, cuando somos felices, cuando más tenemos o cuando más queremos. Yo soy feliz pensando en que cuando era niño fui feliz y ahora espero conocer a alguien feliz para tener felicidad y poder brindarla. Si eres feliz la gente se pondrá feliz, asi que trataré de seguir siendo siempre un niño. Ser feliz depende de uno mismo , no de los demás. Si eres feliz puedes ayudar a ser feliz a alguien. Yo tengo hijas y pienso en cómo hacerlas feliz todos los días, sin cosas materiales... "

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lostdawn dice:


" Recuerdo un día de verano...no sé si dormí en casa de los abuelos o me llevaron de mañana, no sé si mis padres estaban allí o me dejaron con los abuelos. Ni siquiera puedo recordar qué edad tenía. Sin embargo, recuerdo que era verano y la temperatura de la mañana era sorprendentemente tibia en ese pueblo frío.
Recuerdo perfectamente a la abuela, siempre vestida de negro o de muy oscuro, con su pelo de plata recogido en aquel moño que se peinaba por las mañanas, mojando el peine en agua.
Y recuerdo que de pronto la abuela decide llevarme con ella. Las vacas necesitan salir a pastar, y hoy toca un prado nuevo para mí, de nombre inolvidable por ese sólo día...Las vacas saliendo del establo...la abuela dirigiendo la operación salida con una de sus temibles varas en la mano y yo saltando por allí....¿cómo puede alguien temer a una vaca?.
Tomamos la dirección del centro del pueblo, pasaremos por la fuente del abrevadero y saldremos por el lado contrario a la casa que me vió nacer. Es absurdo, pues recorrí ese camino cientos de veces, y sin embargo......puedo recordar ese día.
Todo lo que veo en el camino llama mi atención, como si lo viese por primera vez, y voy de descubrimiento en asombro, de maravilla en sorpresa......las hierbas en flor....los escarabajos...las filas de hormigas.....las mariposas....los pájaros surcando el azul....Cada trozo de muro, cada piedra, cada prado ofrece a mis ojos tanto que ver , y yo no conozco aún palabras para nombrar todo eso, ni siquiera pienso en que hay palabras para ello.
En el prado, que a mis ojos en inmenso y lleno de misterios, mi abuela me deja corretear como un animalillo salvaje, y me dedico a explorar los bordes arbolados, el regatillo medianero que mantiene al prado esmeralda intenso, los muros de piedras repletos de vida y belleza por descubrir. Mientras, la abuela se sienta y vigila el ganado con un ojo, con el otro a mí, y en las manos tiene alguna clase de labor. El tiempo pasa, tan dulce, tan dichoso que no parece pasar.
La abuela se ha levantado y se ha acercado a un grupo de matorral, y parece estar cortando algo...Su voz aguda y amadísima me llama a su lado, sentada de nuevo ahora al borde del agua.
Miro sin entender nada......es una rama de tojo, ese violento tojo de mi tierra, con sus tremendas espinas, lo que tiene en las manos, y le da vueltas, como decidiendo....
Entonces, lentamente, y riendo de mi cara, saca con cuidado varias espinas de forma que lleven algo de la piel de la rama, como un remedo de ala. Ha cortado una delgadisima varilla de aliso, la ha deshojado y mide el ancho del regatillo de agua con ella. Ahora prepara dos palitos más, con forma de horquilla, y con parsimonia los clava a ambos lados del agua. Toma las espinas, y una a una, cuidadosamente, las clava en la rama, en círculos, dejando el faldoncillo de corteza libre..............me mira, sonríe ................y coloca la ramita sobre las perchas de forma que las alas de las espinas tocan el agua.........
Un molino.........es un molino.......gira y gira con la corriente, pasmosamente rápido, increíblemente bello......y la abuela ríe feliz mientras yo siento por primera vez en mi vida el éxtasis de la contemplación de la belleza, surgida en donde nadie la esperaba.......
No puedo recordar ni un segundo más de aquel día.....pero puedo dibujar exactamente la cara de la abuela , y mi molino.........mi molino de espinas y aliso........mi molino........."

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boheme_para_ti dice:


"Es increíble la facilidad o dificultad que tiene mi cabeza de ir dejando en un rincón de su archivo las anécdotas y simpáticos recuerdos, quedando sin embargo, marcadas sensaciones y registros.

La casualidad, tal vez, me trajo hasta la memoria el día aquél en el que solitario me quedé en el colegio. Cuatro años debería tener o como mucho cinco, cuando mi profesora de aquel tiempo, entre azotes y mimos me tenía y un buen día me castigó sólo en un cuarto por hablar demasiado.

Aún es hoy el día que me pregunto si es que yo hablaba tanto en clase o simplemente me faltaba la habilidad de disimularlo, puesto que hoy día la conversación fluida no es la cualidad que mayormente destaca entre las mías.

Llegó pues la hora de la salida de las aulas al final del día y todavía no tenía el castigo levantado. Por la puerta salieron los alumnos en fila y Ángeles, mi profe, de última, de la puerta había tirado. Allí seguía yo en el cuarto dudando si todavía estabacastigado, si debería permanecer allí ya que todos se habían marchado.

Por fortuna la puerta de salida no tenía el cerrojo echado y la entreabrí en la duda de si debía permanecer en ese eterno castigo o salir pitando. Al asomar la cabeza veo acercarse a mi madre aparentemente enfurecida, la torno a cerrar porque todavía no sé lo que me espera. Como insistió petando la puerta y no era plan que yo estuviese dentro y ella fuera, la abrí al fin y me tomó de la mano y me sacó para afuera.

Al día siguiente reconoció mi profe que tanto me mimaba que de mí se había olvidado."

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SilenciosdeLua dice:


"Los recuerdos de mi madre a la que perdí con 10 años hacen que sean de muy temprana edad, pongamos que esto pasase cuando tenía unos 6 o 7 años….
Muchas veces pienso en esa sensación la comparo con el amor. Parece una locura pero a ver que os parece…
Cuando recién terminado de llover tu madre decidía salir a comprar, te ponía las botas de plástico para la lluvia y salías, de su mano, mi madre siempre oliendo a Joya…Dios que hermoso recuerdo…
Recuerdo que iba con ella a las antiguas tiendecitas de barrio, esas de las que todos sabían de las cosas de todos, que se ayudaban entre ellos, tu no entendías nada de lo que decían y, mientras mi madre esperaba turno, yo pegaba mi nariz a la puerta de cristal notando como el charco me llamaba… ¡¡¡ven… ven!!! Yo salía hacia el directamente, tranquilamente, entonces en aquella calle de Madrid apenas pasaban coches, mientras ella compraba.
Tres minutos magníficos, donde mi "escapada" era genial, salía a hurtadillas, de puntillas, como si no pudiesen verme.
-Por supuesto que me veían sobre todo los tenderos, aunque no decían nada, miraban a escondidas a ver que iba ha hacer- y yo como sintiéndome invisible, despacito iba metiéndome, cuando estaba dentro mis ojos se abrían expectantes, era un placer tan…sublime, el de hacer algo “malo”.
Comenzaba a subir un pie lo dejaba caer y hacia lo mismo con el otro, luego el otro… así iba aumentando el ritmo, hasta que terminaba en un derroche de energía desbordante haciendo que el agua del charco salpicase cualquier cosa que hubiese a mi alrededor incluyendo a mi madre que daba vueltas alrededor de mi levantando una ceja hasta que me cogía del brazo y me sacaba de allí, dándome un azote, y volviéndose para que no la viese sonreír mientras los tenderos se partían de risa ya no disimulada y me daban una piruleta.
La sensación que yo sentía…
Esos tres minutos…
Creo que necesito tres minutos dentro de un charco."


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Talish_de_Zander dice:

Yo sé que va a llover cuando de noche huele a lluvia el aire. Lo sé también porque a veces me duele la espalda; esas son ya cosas de viejos, parece. Por desgracia, he crecido.

Cuando era niño, guardaba mis ilusiones en cajas de cartón agujereadas llenas de gusanos de seda blancos y suaves que alimentaba con la morera que cogía de los árboles. Lloraba cuando decidían volverse mariposas y cubrirlo todo con huevos diminutos. Lloraba y (creía) hacía llorar a la lluvia y, desconsolado, me mojaba los pies en cada charco.

También tuve tortugas que enterré en cajas grandes de cerillas y lloré mucho porque aquéllas no se volvieron nada; decidieron un día darse la vuelta y esperar a morir panza arriba. Es triste siendo niño ver morir pequeños seres que tantas horas pasanrobándote los ojos.

Mi misión: descubrir a la carpa ahogada en su locura y cuidar gorriones caídos de su nido y muertos desde el instante en que la madre los tira. Enterrarlos a todos y cubrir su silencio con tierra, hierba y flores e imitar a los viejos en sus rezos susurrados y creer que están vivos porque brilla la noche en sus estrellas, y los grillos son ellos que se han vuelto fantasmas...

Mi reflexión: Lo triste de los labios de un poeta es que sólo sirven para besar besos frustrados. Lo doloroso de sus ojos: sólo sirven a la ceguera soñando la luz total. Lo ingrato de sus oídos: sólo sirven para los sonidos de las afinidades interiores. Lo bueno de la muerte de un poeta es que sólo sirve para transmitir la ilusión por corregir errores, sabiendo que la única sabiduría que alcanzamos, es la que se produce después del suceso