Las madres solteras solemos tener hijos, por eso lo de madres y si somos solteras es porque esa ha sido nuestra elección de vida y no necesariamente porque haya decidido concebir sin un hombre a mi lado. El hecho es que estuve enamorada de un hombre durante los primeros tres años de mi vida de casada, que se sumaron a otros tres de convivencia libre sin papeles que sumados dan seis años, posteriormente se sucedieron doce años de declive emocional de la pareja. Durante aquellos dieciocho años de convivencia, ni imaginé que a día de hoy y después de cinco años de distancia, me sintiera tan bien sola.
Una cosa es vivir solo y disponer hasta de la forma en que se va a comer, otra muy distinta, es vivir con hijos adolescentes y mucho, pero mucho más distinta si los hijos, son de sexo femenino.
Mis hijas nacieron en momentos muy distintos de mi vida junto a quien es su padre. La mayor, Candela, tiene diecinueve años, así que podéis ir sacando cuentas. Fue concebida después de la fiesta de bautismo de su prima, una preciosa tarde de agosto. Afuera el viento soplaba gélido, dentro, dos cuerpos se unían cálidamente sin pensar en nada más. Siempre digo que la calculadora se nos quedó sin pilas y que después de consumar el hecho, cogimos lápiz y nos dimos cuenta de que a veces, las cuentas hay que hacerlas antes y mejor a mano. Tenía casi treinta años de edad, vivía sola, en un piso pequeño, muy iluminado, desde donde se veía el parque inmenso, casi bosque, donde se situaba la escuela primaria donde trabajaba como maestra, en una de las zonas más bellas de mi ciudad. Él, era tres años más joven que yo y provenía de una familia acomodada de la ciudad. Sus peleas familiares le hicieron tomar la desición de trasladarse a mi piso y a partir del momento en que supimos que "estábamos enbarazados", comenzaron los problemas. Que nuestros padres aceptaran "lo sucedido", conseguir una casa donde criar a quien sería nuestro retoño, poner un negocio que fuera lo suficientemente rentable como para mantener a la familia, etc. Todo esto que ahora parece tan normal, hace dos décadas y en un país del sur de América, era poco menos que pecado de vida. Convivir sin papeles, libremente, entrando y saliendo cada uno a su aire, reuniéndose con quien mejor se nos diera la gana, no fue lo mismo que hacerlo con todas las de la ley. Tener que respetar el momento del embarazo, unas comidas a horas determinadas, el dejar ciertos vicios por parte del hombre de la casa, el entender que hay que guardar dinero con visión de futuro, que hay que estar ambos en función de quien va a nacer, hicieron de esta época algo sumamente estresante y en este clima de acomodamiento de pareja, intentando olvidar egoísmos en pro de un futuro de a tres, nació ella. Preciosa criatura, frágil, etérea, la "mariposa". Candela. Candela no fue esperada, pero sí muy deseada. A mis casi treinta , sabía bien que era el momento en que quería ser madre, lo que sucedió después, lo de la calculadora no fue premeditado, pero en lo más profundo de mi ser, evidentemente, las cosas se conjugaron de modo tal que aquel deseo se hiciese realidad. Yo estaba preparada para asumir el rol, su padre no.
Candela se crió en una etapa de cambios. Los cambios desequilibran. Las relaciones se resienten. La comunicación en la pareja se vio afectada, los gritos mientras se formaba en el vientre se sucedieron en los tres años de su vida en la tierra. Candela forjó su carácter de niña tímida, retraída, pero a la vez con fuerza y valentía, en el seno de una familia donde el que gritaba más fuerte era quien más mandaba. Tremendamente respetuosa, no daba un paso sin pedir permiso. Sumisa, dócil, educada, apenas se la podía oir. Pasaba apenas rozando la vida y así creció, hasta convertirse en una bella mujercita de diecnueve años, que aún no sabe muy bien lo que quiere, que busca sin encontrar, que encuentra sin buscar. Rodeada de pocos buenos amigos y de muchos libros que gracias a sus blogs conectados con editoriales, recibe gratuitamente y comenta semanalmente. Todavía no ha encontrado su camino en la vida, sabe muy bien que tiene que forjarse sola el futuro que su madre no le puede dar, pero la toma de desiciones acertadas, todavía le juega malas pasadas con respecto a los estudios.
Lara tiene catorce desastrosos años. Una vida acomodada, relajada que disfrutó hasta sus diez años. Unos años de buena vida en compañía de un padre que se dedicó a ella y compartió con ella, transmitiéndole su pasión por el baloncesto. Sólo vivió dos años en América del sur y puede decirse que despertó a la vida en Europa y así, se crió en un pueblo que la acogió y sostuvo. Una familia que la protegió, un pueblo que la acunó. Lara es el polo diamentralmente opuesto a Candela. Caprichosa, inmadura, siempre dispuesta a jugar, atropellada, nunca preparada para estudiar.
Entre ellas me encuentro, un poco cómplice, a tientas siempre. Cuando se tiene hijos, nunca se deja de descubrir. Y por mucho consejo que haya dado en mi vida como maestra a familias que en su momento los necesitaron, hoy, no los encuentro dentro mío para mi relación con ellas y me doy cuenta que no sólo nos vamos haciendo padres en el camino, sino que, nadie nos puede aconsejar, porque lo que sirve para unas relaciones, no sirve para otras. Porque las situaciones que he vivido, son mías, y el vecino, siempre dispuesto a dar una palabra de orientación, vive una realidad muy distinta, haciendo huecas para mi, las palabras que siente llenas de sabiduría y experiencia.
"ELLAS..."






). El corazón, no detecta esas faltas, se fija más en tí, en tu valor para contar por aquí esto que te estoy pidiendo... Upsss... se me escapó!!!. Pues ésta, ésta es mi propuesta indecente. Sé que te atreverás, que serás capaz de contármelo en un mensaje privado y yo, lo publicaré, agregándolo día a día, o cuando pueda aquí, a este blog. Te atreves?